Todo comenzó un día antes de la fiesta de Halloween con una compra impulsiva en una tienda de souvenirs; todo fue sencillo, desde su adquisición hasta su colocación posterior, pero 10 horas después de que se pusiera su primer par de lentes de contacto de color, una estudiante de Economía de una universidad madrileña comenzó a sufrir, según sus propias palabras, “un fuerte dolor punzante en ambos ojos y un lagrimeo constante. Además me era imposible retirármelas, por lo que me asusté muchísimo y tuve que acudir a Urgencias”.   
Esta desagradable experiencia fue la consecuencia de una infección ocular severa, una cicatriz en la córnea y anomalías en su visión durante varias semanas. Desde hace unos años, Halloween es una época ideal para disfrazarse e intentar complementar la indumentaria con unas lentes de contacto de color para mejorar el aspecto terrorífico: ojos sangrantes y que brillan en la oscuridad, ojos de lagarto, iris absolutamente negro, etcétera. Lentes que sin duda pueden agregar un toque espeluznante en estas fechas. Pero las lentes cosméticas, como cualquier otra lente de contacto, son productos sanitarios y solo deben ser aconsejadas y adaptadas, tras un previo y completo examen visual, por un óptico-optometrista.   
Según Juan Carlos Martínez Moral, presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, “pocos conocen los riesgos asociados con las lentes de contacto cosméticas. La mayoría cree que estas lentes no requieren el mismo nivel de atención o consideración que una lente de contacto estándar de corrección visual, ya que se pueden comprar sin la prescripción sanitaria de un óptico-optometrista, en lugares no adecuados como bazares, tiendas de recuerdo o incluso por Internet, y eso es un grave error que puede acarrear consecuencias en nuestra salud ocular y visual”.   
Según sus palabras, las lentes de contacto cosméticas son productos sanitarios de adaptación individualizada y deben cumplir los mismos requisitos y parámetros que las lentes compensadoras, por lo que obligatoriamente deberían ser adaptadas por un profesional óptico-optometrista en un establecimiento sanitario de óptica”. “Solo un óptico-optometrista puede evaluar si un paciente es apto para la utilización de lentes de contacto, adaptar las lentes de manera correcta y determinar si el paciente puede llevarlas sin problemas”, explicó el presidente del Consejo General.   
El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas advierte que las consecuencias de un uso inadecuado o de una falta de adaptación previa por parte de un óptico-optometrista incluyen la hipoxia corneal, que da lugar a problemas de oxigenación en la córnea, las reacciones alérgicas oculares y las úlceras corneales, derivadas de la presencia de gérmenes o de una incorrecta manipulación de las lentes. Las úlceras, además, incrementan el riesgo de infección ocular.    

Publicado: 27 de Octubre de 2015